El ejercicio físico ayuda a prevenir numerosas enfermedades y también constituye una terapia frente a ciertas dolencias. En los últimos años se ha debatido intensamente su posible papel como tratamiento exclusivo frente a la depresión, en sustitución de los fármacos y la terapia psicológica. Una revisión de estudios aclara si esto es posible.
Los beneficios del ejercicio frente a la depresión son incontestables y están avalados por numerosas investigaciones científicas. Las razones son diversas y tienen que ver con mecanismos biológicos como la reducción de la inflamación, así como con los vínculos sociales que promueve el deporte y la forma en que fomenta la autoestima y la resiliencia (la capacidad de sobreponerse a las adversidades). Por eso hay quien ha llegado a afirmar, incluso, que la actividad física podría ser un tratamiento con una eficacia similar o superior a los fármacos antidepresivos y la psicoterapia. Sin embargo, los expertos en salud mental piden cautela y las evidencias científicas revelan que se trata de un asunto más complejo de lo que se pensaba.
Según las conclusiones que extraen los autores de una revisión de estudios publicada por la Colaboración Cochrane, el ejercicio físico de cualquier tipo muestra beneficios similares a los de terapia psicológica para el tratamiento de la depresión en adultos. Respecto a los antidepresivos, la investigación, que recopila datos de casi 5.000 personas y supone una actualización de los resultados publicados en 2008, muestra un efecto parecido, pero la evidencia es algo más limitada, ya que está basada en ensayos clínicos pequeños y con poco seguimiento a largo plazo.
Deporte ‘versus’ medicamentos o psicoterapia
Los expertos consultados por SMC Reino Unido coinciden en señalar que el ejercicio físico debe formar parte del tratamiento integral de la depresión, pero no hay datos suficientes que avalen su prescripción como única terapia. “Probablemente sea mejor considerar la actividad física como una opción útil o un complemento de los tratamientos existentes, en lugar de como un sustituto directo de la atención establecida”, concluye Jeff Lambert, profesor asociado en Psicología de la Salud en la Universidad de Bath (Reino Unido).

Según argumenta este experto, “existen algunas pruebas que sugieren que el ejercicio puede ser tan eficaz como la terapia psicológica o los medicamentos antidepresivos, pero esta conclusión se basa en un número reducido de estudios y, por lo tanto, conlleva una incertidumbre considerable”. La revisión “tampoco puede decirnos con certeza si el ejercicio funciona mejor para la depresión más o menos grave, si la eficacia varía según el tipo de ejercicio o si las personas deben pasar de la medicación o la terapia a solo ejercicio”.
Para Brendon Stubbs, investigador senior del Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del King’s College de Londres (Reino Unido), el análisis de la Colaboración Cochrane “refuerza el argumento a favor del ejercicio como opción basada en la evidencia para el tratamiento de la depresión, aunque los datos a largo plazo siguen siendo limitados (algo que también es habitual en otros tratamientos)”. En su opinión, “la integración del ejercicio en los planes de tratamiento de la depresión” cuenta con una ventaja muy destacable: “su perfil favorable de eventos adversos en comparación con los efectos secundarios farmacológicos”.
Beneficios a corto y largo plazo
Stubbs apunta que “las pruebas indican que el ejercicio puede ofrecer beneficios a corto plazo similares a los de la terapia o la medicación para algunas personas”. Pero ahí está también el principal escollo: no se puede simplificar la terapia de la depresión siguiendo la política del café para todos. En este sentido, el investigador considera que las decisiones “sobre el cambio o la combinación de enfoques deben tomarse en colaboración con los profesionales sanitarios, teniendo en cuenta las circunstancias individuales” de cada paciente.
En todo caso, puesto que se trata de una terapia que, como mínimo, apuntala los tratamientos basados en psicoterapia y fármacos, subraya que ha llegado la hora de que los servicios sanitarios “se adapten y garanticen que el ejercicio forme parte del conjunto de opciones estándar para las personas con depresión”.
Fuente: cuidateplus.marca.com

